El mayo ‘horribilis’ de Aguirre

El mes de mayo no ha sido precisamente florido y hermoso para Esperanza Aguirre. El mensaje que transmitió, en clave regional y a los demás barones del PP, con su reelección por tercera vez como presidenta del PP de Madrid con un respaldo del 97,2%, más que nunca —en el congreso de 2008 obtuvo el 96,3% de los apoyos, frente al 91,99% de 2004—, ha perdido fuelle. La autoridad y supremacía de la responsable de la Comunidad, el discurso neoliberal que aspira a exportar a la Moncloa, se han visto cuestionadas en un mes horribilis. Especialmente tras las turbulencias que afectan al bolsillo de las últimas dos semanas. La inmaculada hoja de ruta que su equipo de trabajo presentaba como un ejemplo de gestión se ha ido torciendo hasta límites insospechados. Poco a poco. Gota a gota. Ploc, ploc. El laboratorio de ideas y campo de pruebas en que la presidenta regional ha convertido Madrid, ha mostrado las primeras grietas.

Aguirre celebró el Dos de Mayo con dos declaraciones de calado. Por la mañana le confesaba a Carles Francino en una entrevista en la Cadena SER que había encontrado “unas partidas maravillosas” con las que ahorrarse unos millones. El revuelo se quedó corto con el globo sonda posterior en Abc de “poner peajes” en las autovías bajo su órbita de influencia. Dos ejemplos de la barra libre —sin represalias, sin efectos secundarios en la intención de voto— a la que el PP se ha acostumbrado y que preocupa a algunos de sus componentes.

Acostumbrada a marcar la agenda política y a imponer las reglas del juego, el fin de fiesta comenzó para Aguirre el 10 de mayo. La mayoría absoluta en el Parlamento autónomo —72 escaños por los 36 del PSM, 13 de IU y 8 de UPyD— seguía ahí, pero el panorama había cambiado. Para sorpresa del respetable, la lideresa anunciaba ese día que los presupuestos de 2012 no valían. Aprobados el 22 de diciembre, la partida de 17.048 millones de euros se revelaba como la más breve de la historia de la Comunidad. Kaput. Curiosamente, antes de anunciar los segundos presupuestos en cinco meses Aguirre había apuntado hacia otra dirección. En concreto hacia la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, “en exceso generosa” con el Movimiento 15-M que ese fin de semana calentaba motores con motivo de su primer aniversario.

Los indignados acapararon buena parte de la atención en las jornadas posteriores, hasta el punto de que casi pasaron inadvertidas las apreturas económicas de la Comunidad. Al día siguiente de que Aguirre pusiera sobre la mesa unos presupuestos nuevos, el consejero de Economía y Hacienda, Percival Manglano, reconocía, después de mucho insistirle, que la Comunidad no recibiría 1.400 millones, un 10% de los que estaban fijados que iba a transferir el Estado. Un agujero al que añadir los mil millones que se dejaron de ingresar en los tres últimos meses de 2011, y los 1.300 millones pendientes del pago con los proveedores.

El panorama que dibujaba el responsable de las cuentas regionales no se quedó ahí. Manglano también se refirió a la caída en picado, del 40%, de los tributos directos en el primer trimestre de 2012. En especial el impuesto de transmisiones, un 41% inferior al del mismo periodo del año pasado. Pero toda la crudeza de la situación económica no estalló hasta una semana después. El viernes 18 la Comunidad corregía sus previsiones de déficit para 2011. Ya no era del 1,13%, lo que la convertía en la única autonomía que no había superado el listón del 1,3% impuesto por la Administración Central. El déficit, como si fuera levadura, se había disparado hasta el 2,2%. Madrid ya no era “la mejor de la clase”, analizaba con retranca el portavoz de UPyD, Luis de Velasco, que incidía en que “encima había hecho trampas”. “El Gobierno miente cada vez que habla”, decía encendido Antonio Carmona, el especialista en Economía del PSM.

De repente, el Gobierno de Aguirre, pionero en aplicar medidas de austeridad, lo que le había servido para ahorrar 2.200 millones de euros desde 2008 —por ejemplo adelgazando la estructura del Ejecutivo madrileño pasando de 15 a ocho consejerías, o subiendo las horas lectivas a los profesores, originando el despido de más de 3.000 interinos según los sindicatos y un millar según la Comunidad—, ya no era un modelo. Para empezar porque, aunque Manglano insistió en que había comunicado el déficit “en cuanto fue definitivo”, la Comunidad conocía al menos desde el lunes 14 que la cifra se había duplicado. Eso sí, Aguirre ya había dicho en febrero que era “muy probable” que se tuviera que actualizar la cifra definitiva. Ese mismo día la Comunidad presentó un plan de ajuste adicional de 1.376 millones en dos años, centrado en sanidad y enseñanza.

Tras lamerse las heridas el sábado y el domingo y pensar un plan de ataque, las contramedidas de la dirigente madrileña llegaron el martes, tras beneficiarse de la tregua que le otorga el fin de semana. Aguirre insonorizó las críticas a su gestión económica con una cortina de fútbol. Tres días antes de la final de la Copa del Rey entre el Athletic y el Barcelona en el Vicente Calderón, Aguirre acaparó la atención pidiendo que “la Copa de España” se suspendiera y celebrara “a puerta cerrada” en caso de que las aficiones pitaran al himno español. Como ya pasó en la edición de 2009 y como terminó pasando. Políticos, medios y ciudadanos, todos, entraron por el aro, restando fuerza a la amenaza, para muchos una certeza, de que la Comunidad estudiaba en serio bajar el sueldo de los empleados públicos. “Como Sócrates, vamos a plantearnos todo”, afirmó Aguirre en una comparecencia en la que, casi de pasada, dejó las puertas abiertas a una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid de la gestión de Caja Madrid.

El revuelo futbolero alcanzó su apogeo en la final de Copa, en la que los insultos a Aguirre —a la par a los abucheos al himno de España— convirtieron a la política en Trending Topic. Esa jornada parecía que el deporte rey lo taparía todo, y de alguna manera lo hizo con la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. El fallo convertía a las 1.231 hectáreas urbanizables del Distrito Norte de Alcorcón en rústicas y, por tanto, no aptas para la construcción de las Eurovegas. Para colmo, se producía tres días antes de la visita de Andrew Tottenham, el encargado en Europa de Sheldon Adelson, el inversor detrás del megacomplejo de ocio y centro de convenciones que también pretende Cataluña.

Aunque la Comunidad reacciona de inmediato anunciando que recurriría al Supremo, el golpe a uno de los proyectos por los que el Ejecutivo llevaba más tiempo peleando fue antológico. Por más que le quedase el comodín de Valdecarros frente a Barcelona, la candidatura la otra aspirante. Si la semana terminó de aquella manera, la siguiente acabó peor. Los incendios se le acumularon a Aguirre y al Partido Popular. Cerrando las puertas que antes había abierto, el PP tumbó este lunes la petición de UPyD, que contaba con los apoyos de PSM e IU, de abrir una comisión de investigación sobre Caja Madrid y no Bankia, como siempre argumentaron los populares. ¿La justificación? Que no era competencia de la Comunidad y, que en caso de haberlo sido, correspondía a la legislatura pasada y no a la actual (Bankia nace en 2010).

El día a día se complicó todavía más apenas unas horas más tarde. La Comunidad, que llevaba desde 2008 dando vueltas a la privatización del 49% del Canal de Isabel II, renunció sine die. Dándose de plazo hasta final de legislatura. Aunque las explicaciones de Ignacio González tenían su lógica —“Tal y como está el mercado, no se dan las condiciones para que podamos vender el Canal en los precios que creemos adecuados”—, su aplazamiento abrió otro frente más al Gobierno.

Pero todavía había más. La crisis de mayo alcanzó su cénit el jueves. Tres semanas después de anunciarse que los presupuestos actuales eran papel mojado, el Consejo de Gobierno tampoco se puso de acuerdo en dónde recortar y qué tasas y partidas respetar. Igual que el jueves 17. Igual que siete días después. El plan presentado por Manglano no provocó el consenso mínimo para acometer unos ajustes que se prevén amargos. Las cinco horas de reunión de los consejeros con Aguirre dejaron un ambiente encrespado, con los partidarios de la línea dura por un lado —desde disminuir los salarios de los trabajadores que cobran de la Comunidad, lo que supone un ahorro inmediato, a despedir interinos— y los que planteaban otras alternativas más light y que se empezarían a notar a final de año. La falta de quórum provocó que Manglano se fuera con Aguirre sin dar explicaciones, y que González tuviera que hacer equilibrismos para justificar el retraso en las cuentas. Una vez más. Su rostro circunspecto resumió un mes de mayo para el olvido en el Ejecutivo autonómico.

Fuente: elpais.com