Madrid y España por Tomás Gómez

Madrid quiere ser la capital de España no sólo porque lo digan los papeles, sino porque lo merezca. Un liderazgo es bueno cuando es justo, cuando es aceptado libremente, cuando es querido. Hubo un tiempo en que Madrid tenía los únicos hospitales con ciertas especialidades médicas, las únicas escuelas de ingeniería y las únicas facultades de muchas materias universitarias; hubo un tiempo en que Madrid concentraba todo el poder del Estado. Sin embargo, ese tiempo era el tiempo en que Madrid era la capital triste de un país pobre y sin libertad. Un día los madrileños decidimos liderar el cambio en España, nos abrimos, compartimos y, en lugar de ser los únicos, fuimos los mejores. Nos convertimos en la brillante capital de un país próspero y libre.

Los ciudadanos de Madrid siempre están especialmente atentos al devenir de España. Y si los ciudadanos son conscientes de los deberes de la capitalidad, los representantes de los ciudadanos deberemos ser, al menos, igual de conscientes.

Hoy España vive momentos de crisis. A la crisis económica se ha añadido una nueva crisis, la territorial. Una crisis que para los madrileños se ha convertido en una nueva preocupación. Los madrileños queremos a nuestro país y lo queremos libre y unido. Madrid quiere ser la capital de toda España, de la España que se parece a Madrid, pero también de la España que no se parece, de la España que habla otras lenguas, que tiene otras costumbres.

Sin embargo, quienes ahora gobiernan la Comunidad de Madrid no han sabido ejercer esa liderazgo en España. Han fomentado la división y el alejamiento de muchos españoles que no son como ellos, que no hablan como ellos, que no piensan como ellos. Antes de que los nacionalistas catalanes les dijeran a los ciudadanos de Cataluña que no son españoles, se lo dijeron los líderes del PP de Madrid. Fueron los gobernantes de esta Comunidad los que dijeron que trasladar la sede de una empresa desde Madrid a Barcelona era sacarla de fuera del territorio nacional.

Fue en Madrid donde se organizó una armada mediática para boicotear productos de una región de España, donde se recogieron firmas no sólo contra el Estatut, sino contra Cataluña, fue aquí donde se denigró a los ciudadanos andaluces con aquel “pitas pitas” que nos llenó de vergüenza a todos los madrileños de bien. Es desde Madrid desde donde se ha venido sosteniendo con más vehemencia que sólo hay una forma de ser español, y ahora al PP de Madrid le han salido imitadores en Cataluña, como el señor Mas, que piensa que solo hay una forma de ser catalán. El nacionalismo, español o catalán, es siempre lo mismo.

¿Necesitaba el PP de Madrid el “pitas pitas”? ¿Necesitaban boicotear los productos de una región española?, sí; lo necesitaban para conseguir votos; pero la unidad de España no lo necesitaba. Ahora todos somos víctimas de esa forma de hacer oposición, de ese oportunismo irresponsable. Y ahora todos tenemos un gravísimo problema.

Los ‘populares’ madrileños exigían someterse a los demás, pero su ejemplo era la insumisión fiscal contra el IVA, contra la prohibición de fumar, la rebeldía contra la ley de la dependencia. Para liderar Madrid, se olvidaron del liderazgo de Madrid. Perjudicaron el liderazgo de Madrid y enfrentaron a los madrileños con otros españoles por un puñado de votos. El PP siempre saca rédito electoral del conflicto territorial, hasta que el conflicto territorial se les va de las manos.

Hace dos semanas el Estado Autonómico era insostenible, y ahora de repente los populares se han vuelto autonomistas y defensores del título VIII de la Constitución, que nunca aceptaron. El PP ha estado engañando a los españoles diciéndoles que la alternativa es la recentralización de España y ahora, que se les va Cataluña capitaneada por un gobierno al que ellos mismos han sostenido con sus votos en el Parlamento catalán, les ofrecen dinero para que se queden.

El señor Mas ha tenido mucho que aprender del PP. Nada como un buen conflicto nacional para tapar sus recortes; nada como las apelaciones a la patria para tener entretenidos a los ciudadanos mientras les sisan las becas, mientras privatizan la sanidad, mientras recortan inversiones. Decía Antonio Machado que “en España, lo mejor es el pueblo. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden. El pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre”.

España tiene un problema con el PP. Y el problema no es que al PP no le guste el Estado Autonómico, o el Estado Federal que defendemos los socialistas. El problema es que al PP no le gusta España como es. No le gusta la España del catalán, del euskera, del gallego. No le gusta la España diversa y plural, con sus tradiciones y sus instituciones. Ese es el problema que España tiene con el PP. El nacionalismo español tiene una enfermedad autoinmune, porque no reconoce a una parte de España como suya.

No es fácil que si a los dirigentes de Madrid no les gusta la España que es y como es, a España le guste el liderazgo de Madrid. Podrán liderar a una España más pequeña, pero no a la gran España de las cuatro lenguas. Es malo para Madrid tener a dirigentes que no comprenden a España.

Los momentos de mayor cohesión territorial en nuestro país se han producido bajo gobiernos socialistas, mientras que el enconamiento en las posiciones y el riesgo de fractura siempre ha llegado con gobiernos populares. El señor Aznar nos legó el Plan Ibarretxe; y el señor Rajoy ahora acaba de inaugurar el Plan Mas. Hoy se entienden mejor los esfuerzos de los socialistas por vertebrar una España plural y unida, y por eso vamos perseverar en nuestros esfuerzos.

Fuente: elmundo.es