Agricultura urbana

1305033290_g_0La agricultura urbana es una tendencia al alza dentro de nuestras ciudades. “Hace cinco años la venta de material para construir huertos urbanos en terrazas era testimonial. En el 2008, el aumento fue considerable, y en los últimos doce meses ha sido contundente, explica Jordi Marrón, propietario de una empresa de jardinería y horticultura en el Maresme y cultivador desde hace ocho años de una parcela en su terraza. Hoy es una demanda social consolidada. Hay quienes sólo plantan una tomatera, otros montan una pequeña estructura para enseñar a sus hijos el origen de los alimentos, el sentido del tiempo y del cuidado. Muchos optan por cultivar su espacio con criterios ecológicos, y otros, simplemente, regalan un huerto porque está de moda. (Leer más)

No obstante, y por sorprendente que pueda parecer, la agricultura urbana siempre ha estado presente de una manera u otra durante el proceso de industrialización que desde el siglo XIX hizo crecer a las ciudades permitiéndoles generar una realidad propia, la urbana, alejada del mundo rural al que anteriormente estuvieron directamente asociadas.

Siempre ocupando áreas no urbanizadas del espacio urbano la agricultura urbana realizó durante el siglo XIX una casi siempre marginal función de subsistencia, similar a la que realizaba en el entorno rural, para todos aquellos cuyas raíces rurales les permitían recuperar prácticas de autoconsumo. A finales del mencionado siglo por primera vez una ley (Allotments Act, 1887 y 1908) obliga en Gran Bretaña a las autoridades locales a proporcionar a los obreros terrenos para el cultivo.

Posteriormente, en el siglo XX esa presencia como medio de  subsistencia se acentuó durante los periodos de las dos guerras mundiales en los que muchas ciudades fueron devastadas. No obstante, y partir de la segunda mitad del siglo XX, con el desarrollo de la llamada sociedad opulenta, este carácter de subsistencia deja su lugar a otros aspectos más relacionados con llenar ciertos vacíos que las sociedades avanzadas abren en los colectivos y las personas.

Aspectos como con la mejora de la calidad de vida, la educación ambiental, las relaciones sociales, la transformación social y la regeneración urbana subyacen en la necesidad que algunos ciudadanos urbanitas, experimentan de volver al campo sin abandonar la ciudad. En este sentido, los huertos urbanos se convierten en espacios generadores de una serie de buenas prácticas sociales y ambientales que los convierten en vértices generadores de dinámicas de cambio social.

Consumo ético y responsable, integración de lo ecológico y ambiental en la vida cotidiana, sostenibilidad ambiental, desarrollo de valores comunitarios y de integración de los individuos como colectivo, de identidad de barrio, así como la integración de todos ellos con el entorno, autogestión y desarrollo local, mejora de entornos degradados son aspectos que vertebran la experiencia de la agricultura urbana como experiencia alternativa portadores de una serie de valores diferentes a los imperantes en nuestra cotidianidad.

Por centrarnos en Madrid, comentar que actualmente existen más de una treintena de huertos urbanos, la mayoría de ellos alegales, a la espera de un plan de ordenamiento que legalice estos espacios. No obstante, y aunque es una práctica bastante extendida en otros países de nuestro entorno, puede considerarse que en nuestra ciudad es una práctica bastante reciente.

La media de edad de los huertos urbanos en Madrid ronda los cinco años. Durante todo este tiempo han sido muchos los colectivos de vecinos, centros culturales, plataformas ciudadanas que han encontrado en esta actividad respuesta a una demanda de vida diferente y alternativa. Entre las más destacadas se encuentran la Red de Huertos Urbanos Comunitarios de Madrid  o la FRAVM  que engloban a buena parte de estas iniciativas en nuestra ciudad.

Con la ilusión, el esfuerzo y la constancia militante de los integrantes de esos colectivos poco a poco se va dibujando un mapa con una presencia cada vez mayor de la agricultura urbana por todo Madrid, así barrios como el de Moratalaz, el Barrio de La Concepción”, el Pozo del Tío Raimundo, Puente de Vallecas,  el PAU de Vallecas, Carabanchel, Lavapies, el Barrio del Pilar, Tetuán, entre otros muchos, ya cuentan con huertos urbanos, que además se convierten en lugares donde se promueven otras actividades sociales de todo tipo: teatro, conciertos, charlas, debates, talleres como por ejemplo, de cultivo , siembra, de bicicleta, proyecciones de películas o documentales; otro aspecto muy interesante y nada desdeñable de esta actividad porque el huerto urbano no sólo acerca a quienes lo participan a la naturaleza y a sus ritmos sino también a los demás generando una actividad dinamizadora e integradora de primera magnitud portadora de unas experiencias y unos valores que, como ya se ha comentado, quizá se hayan perdido en la ciudad.

Por Agustín Fernández Linares, Socio de la Incolora.